¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?

El mío transcurre en Houston, Texas, en una noche tibia de otoño de 1994, cuando debo de tener unos tres años. Soy demasiado pequeño siquiera para saber a qué se parece la humedad. Y ahora mi memoria es demasiado borrosa para recordar el zumbido de las cigarras al fondo. Mi papá me lleva en brazos durante un paseo al atardecer por el barrio. Nos sentamos, él señala hacia arriba, y mis ojos siguen su dedo hasta una luna llena. Me da un sorbo de una lata de Sprite, y recuerdo haber hecho una mueca cuando esa dulzura con gas me ardió en la boca todavía tierna. La luna llena. El sabor de Sprite. Las estrellas. Ese es mi primer recuerdo.

¿Y el tuyo? Si tienes un momento, intenta traerlo de vuelta. ¿Cuándo fue la última vez que viajaste hacia atrás en el tiempo?

Dicen que el Alzheimer es la enfermedad más cruel, y es fácil entender por qué. Décadas de pequeñas alegrías, vínculos emocionales, amores pasados, fantasmas, música y olores que se van borrando, uno por uno, hasta dejar una página en blanco.

Nuestras vidas son una colección de recuerdos e historias. Los recuerdos nos sostienen. Nos traen alegría, amor, enojo y tristeza. Más que los huesos, más que la carne, los recuerdos son lo que nos hace humanos. Son la trama de ese tapiz humano, rico y entrelazado.

Están los recuerdos y las historias de quienes amamos. Están también los recuerdos que nunca llegamos a conocer. La historia del primer beso de nuestra mamá. Los huevos cocidos que nuestro papá llevaba en la lonchera cuando era niño. Y las abuelas de nuestros padres: ¿qué vidas llevaron? ¿Por qué discutían en la mesa? ¿Cuáles eran sus esperanzas y sus sueños?

Si pudieras hablar con tu madre y con tu abuela cuando ambas tenían tu edad, ¿qué secretos les contarías? ¿Qué secretos te contarían ellas a ti?

¿Cuáles eran sus alegrías, sus miedos, sus esperanzas? ¿Qué música escuchaban cuando necesitaban levantarse el ánimo? ¿Adónde iban cuando necesitaban un momento de silencio para sí mismas?

Todos llevamos a alguien así dentro de nosotros. Una abuela que nos tomó de la mano camino al supermercado. Un abuelo que nos enseñó a apostar con paciencia y, cuando llegara el momento, apostar fuerte en una partida de cartas. Lo que sabemos de ellos lo sabemos bien: una sensación, un gesto, un sabor. Pero ¿qué pasa con todo lo que nunca se nos ocurrió preguntar?

Tal vez nunca lleguemos a saberlo.

Antes de que sea demasiado tarde, tenemos que empezar a guardar los recuerdos de quienes amamos.

No para el consumo público. No como datos fijos. Sino para nosotros, y para quienes los aman. Para aferrarnos a lo más sagrado. Para mantener unidos nuestros momentos más preciosos.

La misión de Ember es preservar, compartir y crear recuerdos duraderos.

Queremos que las personas puedan convertir sus recuerdos en historias hermosas, en objetos que guarden memoria y en arte.

Nuestra misión es profundamente personal. Primero nos habló como la voz de nuestros antepasados y, con el tiempo, descubrimos que en realidad siempre nos había estado hablando.

Esperamos que algún día también pueda volverse tuya.

“Nos contamos historias para vivir.”

— Joan Didion

“Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria.”

— Louise Glück

“Hacia las cavernas del mañana, solo con nuestras linternas y nuestro amor / Tenemos que lanzarnos, tenemos que lanzarnos, tenemos que lanzarnos”

— Bright Eyes